Escudos de Seguridad que son

Escudos de seguridad para cerraduras: qué son, para qué sirven y por qué marcan la diferencia

Cuando hablamos de mejorar la seguridad de una puerta, mucha gente piensa directamente en cambiar el bombín o poner una cerradura mejor. Y sí, eso es importante. Pero hay un elemento que muchas veces pasa desapercibido y que en realidad es clave para proteger la cerradura: el escudo de seguridad.

El escudo es la pieza metálica que rodea el bombín por la parte exterior de la puerta. Su función principal es protegerlo frente a ataques habituales como el taladro, la extracción o el temido “partido” del bombín. Sin un buen escudo, incluso un bombín de alta gama puede quedar bastante expuesto.

Vamos a ver un poco cómo han evolucionado, qué tipos de escudos hay y qué conviene tener en cuenta si estás pensando en mejorar la seguridad de tu puerta.


Los escudos antiguos: abiertos y con protección limitada

Hace años lo más habitual era encontrar escudos abiertos. Es decir, piezas metálicas donde se veía directamente el cuerpo del bombín. Cumplían su función básica: reforzar la zona y evitar que el cilindro se partiera con facilidad, algo que era bastante común en cerraduras sin protección.

escudo abierto

Estos escudos antiguos ya suponían un avance respecto a no llevar nada, pero dejaban bastante accesible el bombín. Con herramientas adecuadas, un intruso podía taladrarlo o manipularlo sin demasiada dificultad.

Aun así, en su momento fueron una mejora importante, sobre todo frente a métodos de robo más rudimentarios que consistían básicamente en forzar o romper el cilindro.


Escudos cerrados: más protección y menos exposición

Con el tiempo empezaron a popularizarse los escudos cerrados, que cubren completamente el bombín dejando solo la entrada de la llave visible. Esto reduce mucho las posibilidades de ataque directo.

escudo cerrado

Este tipo de escudo dificulta especialmente técnicas como:

  • El taladrado directo al cilindro.

  • La extracción del bombín.

  • El uso de herramientas para partirlo.

Además, muchos modelos incorporan sistemas giratorios o placas endurecidas que complican aún más el trabajo a quien intenta forzar la cerradura.

Pero ojo: que un escudo esté “cerrado” no significa automáticamente que sea bueno.


Lo realmente importante: que el escudo sea macizo y esté bien instalado

Aquí es donde mucha gente se confunde. Existen escudos que estéticamente parecen muy robustos, completamente cerrados y con buena presencia, pero que en realidad no son macizos. Son piezas más ligeras o con materiales menos resistentes que pueden arrancarse con relativa facilidad.

Y si el escudo se arranca, el bombín queda totalmente expuesto.

Por eso, más que fijarse solo en si está cerrado o en la marca, conviene asegurarse de que:

  • Sea un escudo macizo, con buen peso y construcción sólida.

  • Esté bien fijado desde el interior de la puerta.

  • Tenga protección real contra taladro y extracción.

La instalación también influye mucho. Un escudo excelente mal montado pierde gran parte de su eficacia.


Protección frente a taladro, radial y otros ataques

Hoy en día existen escudos diseñados específicamente para resistir ataques bastante agresivos. Algunos incorporan:

  • Aceros endurecidos anti-taladro.

  • Placas internas que bloquean la broca.

  • Sistemas anti-radial que dificultan el corte.

  • Diseños giratorios que impiden agarrarlos con herramientas.

Esto no significa que sean indestructibles, porque todo puede forzarse con tiempo y herramientas. Pero sí retrasan mucho el intento y, en la mayoría de los casos, eso es suficiente para disuadir.

Al final, la seguridad en una puerta consiste muchas veces en poner las cosas difíciles: cuanto más tiempo y ruido requiera un ataque, menos atractivo resulta para quien intenta entrar.


No todo es el bombín: el conjunto importa

Un error bastante común es invertir en un bombín de alta seguridad y dejar un escudo flojo o antiguo. Es como poner un candado muy bueno en una cadena débil.

Lo ideal siempre es que bombín y escudo estén equilibrados:

  • Buen cilindro anti-bumping, anti-ganzúa y anti-rotura.

  • Escudo macizo que lo proteja físicamente.

  • Cerradura y puerta en condiciones.

Cuando todo el conjunto está bien, la seguridad sube mucho.


¿Merece la pena cambiar el escudo?

Depende del caso, pero en muchas puertas sí merece la pena. Sobre todo si:

  • Tienes un escudo abierto antiguo.

  • El escudo actual se mueve o parece ligero.

  • Has cambiado el bombín pero no el escudo.

  • Buscas mejorar seguridad sin cambiar toda la cerradura.

Es una intervención relativamente sencilla y suele ser una de las mejoras más rentables en seguridad doméstica.


Un consejo profesional

Si estás pensando en mejorar la seguridad de tu puerta, lo mejor es que un cerrajero valore el conjunto completo. A veces basta con cambiar el escudo, otras conviene también renovar el bombín o ajustar la instalación.

Cada puerta y cada vivienda tienen sus particularidades, y no siempre lo más caro es lo que más conviene.


Resumen

El escudo de seguridad es un elemento fundamental para proteger la cerradura. No solo tapa el bombín: lo defiende frente a ataques muy habituales como el taladro, la extracción o la rotura.

Los escudos cerrados modernos ofrecen más protección que los antiguos abiertos, pero lo realmente importante es que sean macizos, resistentes y estén bien instalados.

Si se combinan con un buen bombín, la seguridad de la puerta mejora notablemente.

Si tienes dudas sobre el escudo que llevas, estás pensando en mejorar la seguridad de tu puerta o simplemente quieres asesoramiento profesional, puedes ponerte en contacto sin compromiso. Si estás en Valladolid o alrededores, estaremos encantados de orientarte  y ver qué solución encaja mejor en tu caso, contacta con nosotros.

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